viernes, 27 de abril de 2007

VACACIONES: "EL REGRESO"

Último día... Nos levantamos, desayunamos, cargamos el auto, y con una mezcla de nostalgia por ser el último día de vacaciones, y alegría por no tener que armar y desarmar valijas todos los días, partimos hacia Montevideo. Por otra parte, volvíamos contentos de tener muchas cosas que contar a nuestros amigos, y muchas fotos para mostrarles... (en todo el viaje, saqué 2.450 fotos, las mejores de las cuales colgué del blog...). Como si esto fuera poco, estaba muy próximo el reencuentro con nuestro perro Manolo, que intentó comerse el tubo cada vez que oyó su nombre durante las llamadas que hicimos a casa...
Pasamos por La Paloma, sacamos algunas fotos, y seguimos por la 9 rumbo a Montevido. Pasamos la entrada a José Ignacio y luego pensamos que sería lindo ir "por abajo", así que nos metimos por un camino y fuimos a dar a La Barra. De allí seguimos a Punta del Este (entre la bruma), y dimos un paseo por la Rambla (en auto, claro). Cargamos nafta en el centro, y en otra estación cargamos agua para el mate. De allí salimos hacia Montevideo. Pasando el Aeropuerto de Laguna del Sauce, vimos el sol por un rato. Venía peleando con las nubes, y a veces hasta ganando la batalla. Pero pudieron más las nubes... En un abrir y cerrar de ojos, llegamos a Floresta, luego a El Pinar, y como siempre, tomamos la rambla. Al llegar al Puente Carrasco, nos topamos con una camioneta que tenía en su vidrio trasero, varias calcomanías blancas. Pasado el Hotel Carrasco la empezamos a seguir para darle una de "SOMOS BLANCOS", que Raquel Trobo nos había dado para repartir. Alcanzamos la camioneta en el semáforo anterior al de casa, y por poco no chocamos. Le dimos la calcomanía. Era el diputado Cassaretto, de Maldonado.
¡¡¡Llegamos!!! Entramos por el portón, se abrió la puerta de casa, y Manolo salió como una tromba a festejar el ansiado retorno de sus amos. Bajamos las valijas (bueno, las bajé yo, porque Magdalena estaba jugando con Manolo) por última vez en el viaje. Le saqué una foto al auto, otras a Manolo y... lo demás, ya no forma parte de nuestro periplo. Perdonen si esta narración les pareció corta, pero tenía tantas ganas de terminar el blog como de volver a casa el último día de nuestras peculiares vacaciones. Si quieren más comentarios, vean el epílogo...

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